Archivo de Febrero de 2007

Liberando penas

    

Reflejo búsqueda, sueños al acecho.
Proclamo un pequeño despecho.
Divago en prosas.
Todo ya me ha alejado de la realidad,
solo por buscar la razón de una existencia.

Recorro los rincones de mi alma en busca de un vestigio
que perdí en medio de una revolución en mi cabeza,
y envuelta en tristeza fue confinada a lo profundo.
Se alborotan mis neuronas en búsqueda de una escusa
para justificar tan despiadada condena.

Llueve mi alma, se hacen fríos los caminos,
transito por inviernos que evidenciaron el resentimiento .
Ellos me describen paso a paso la angustia
De una retazo que fue despojado de su morada
Y fue condenado a los confines del alma.

He aquí que me aproximo a la memoria,
mi alma advierte que en ella se esconden mis secretos,
y en ella se esconde lo que no quiero percibir.
Muchas son las guaridas que transito,
muchas son las miradas sombrías de vestigios que han sido escondidos.

Se enceguece mi alma y pierde la calma,
se siente rodeada por fragmentos olvidados,
que la acechan desde lo profundo.
Temerosa se resguarda en una fútil realidad;
yo la combato en enigmática nueva batalla.

Aliada es mi memoria, empañada en culpa,
de tal cruel búsqueda para liberar un vestigio,
que explique una razón de tal condena,
y la libere del nefasto pecado
que la ha vigilado desde el pasado.

Tardan en ceder las cadenas que aprisionan,
de difícil búsqueda y amarga mirada,
pero he allí una condena, el vestigio de una pena.
Rompo la condena, y en vuelo libre la libero,
y parte por mi mejilla encarnando una lagrima.

Exploro ya mi ser sin cobardía,
censurando pequeños resentimientos,
merodeando por prosas.
Todo para liberar mi alma de las penas
que en lo profundo sufren condena.

Jhons W.

Sueños

    

Fluyen en mi, sueños de amaneceres
concebidos febrilmente en mis ocasos,
que dejan a mi imaginación litigios de ambigüedad.

Fluyen como senderos que escapan en todos los sentidos,
y no dejan lugar a la indiferencia, solo un sabor de amargo olvido;
Que no ha de llegar hasta sino mi adiós.

Refulgente imaginación que me has de deparar,
ya de ti no puedo escapar y en ti he de reparar,
me enseñas que la vida la pintamos con los colores de tu confusión.

Disfrazada de ilusión vienes a mí cada amanecer,
abundante e incandescente como mis deseos,
y me aprisionas en medio de un mundo áspero.

Hipnotiza mi mirada que transitada anhelada por el encanto,
enmarca en mi alma una despiadada sensación de regocijo,
y arrebatan los últimos vestigios de la realidad.

Distinguidos sueños que vienen a mis amaneceres,
Cuando habéis de llevar mi alma a tu encuentro,
y dejarme perecer en tus vientos serenos?

No me dejen al desvelo, ni al acecho de la angustia
proclamando en prosas para avistarlos sutiles,
entre mis líneas imperfectas que los describen.

Mientras, en mi, siguen los sueños de amaneceres
litigando mi ser al olvido y al desprecio de lo virtuoso,
para llevarme a creer que en ellos seré vigoroso.

Jhons W.

La Tristeza y la Furia

    

Tristeza

En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta…En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas…

Había una vez un estanque maravilloso. Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente.

Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.

Las dos se quitaron sus vestimentas y, desnudas las dos, entraron al estanque.

La furia, apurada como siempre está la furia, urgida “sin saber por qué se baño rápidamente” y más rápidamente aún salió del agua.

Pero la furia es ciega, o por lo menos, no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró.

Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza… Y así vestida de tristeza, la furia se fue.

Muy calma y muy serena; dispuesta, como siempre, a quedarse en el lugar donde está; la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.

En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba…
Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta, es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.

Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos, es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad está escondida la tristeza…

Jorge Bucay

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