
Enfático miro los pétalos que caen uno a uno,
despojada de ti la flor que te da vida va desvaneciéndose ante mi,
llevando consigo mi deleite, dejándome en angustia,
Te miro tan dulce, cálida y enigmático te deseo para mi,
Ojos míos que acarician tu piel, húmedos yacen en ti.
Condenado tiempo que me hurta de tu presencia,
y tú que ni me percibes ni me sueñas, inmutable permaneces esperándome,
sigues rebosando en esperanza, y lentamente partes en añoranza
de lo que no habré de darte, con lo que no habré de condenarte,
deseos son los míos que apetecen hacerte mía.
Y así sigues pasando por mi tiempo que no habrá de acabar,
siglo tras siglo acogeré tu misma belleza, con los mismos ojos,
tu tendrás otra forma, otro olor, pero serás tú,
te llamaran por otro nombre pero seguirás siendo tú,
yo arderé en deseos por ti y seguiré consumiéndome lentamente,
pero no habré de regalarte mi abominación.
Ya llevo mil siglos amándote junto al silencio,
y mi corazón disipándose junto a cada fragmento de ti,
adueña tus olores, cada mueca y suspiros redentores,
yo ya soy más tuyo que mío, ni al tiempo ya le pertenezco,
pero tu ser no me concibe en sospechas.
Conozco cada una de tus moradas, cada catacumba donde estas inhumada,
esas han sido mis moradas en las cuales te he tenido cerca de mi,
en cada una arranco mi corazón y te lo concedo porque es tuyo, no mío.
Tú en ningún tiempo serás mía, yo eternamente seré tuyo,
y en el silencio me entregare a tus manos, seré cada uno de tus amantes sin serlo.
En cada pétalo de tu vida morirá mi alma por todos los siglos,
en cada arrebato de tu existencia, me abandonará mi corazón,
para acompañarte a ti, y yo perseveraré junto al silencio,
y el vano albedrío de hacerte mía, inmortalmente mía.
