A veces miramos el mundo y decimos que está perdido y nos preguntamos que tan profundo puede llegar la humanidad en su decadencia. Vemos los noticieros y encontramos que en todas partes del mundo existen tragedias y en su mayoría causadas por el hombre.
Vemos semejantes muriendo de hambre y de enfermedades venéreas que exterminan hombres, mujeres y niños sin distinción. Y en contraste vemos naciones invirtiendo millones en armamentos. Vemos personas que gastan fortunas en vanidades irrelevantes sin mirar a su prójimo, y se hacen llamar cristianos, o de cualquier denominación religiosa, saliendo a la calle e ignorando la realidad, dándole vuelta la cara a la miseria, la misma de la cual todos son responsables.
Muchas veces culpamos a los gobiernos por esa miseria, y no nos damos cuenta que nosotros mismos somos los que permitimos y promovemos tal miseria, que nosotros somos parte de ese mismo gobierno, que todos tenemos una responsabilidad social.
Muchos tratan de justificar la miseria en las palabras de la biblia o sino diciendo que Jesús vivió en la pobreza, por lo tanto eso hace parte del mundo de una manera natural.
Pero, ¿podemos comparar la pobreza con la miseria? ¿Podemos justificar que niños mueran de desnutrición habiendo los recursos que lo evite?
Muchos le echan la culpa a Dios, pues se preguntan ¿Dónde esta Dios? y los que no creen en Dios dicen “eso es culpa de su Dios”, pero yo me pregunto, ¿Dónde estamos nosotros?, ¿donde queda nuestra responsabilidad moral?, ¿dónde queda nuestra misericordia?
Relegamos nuestras obligaciones, evadimos el problema, nos sumergimos en una realidad ficticia, para escapar de todas las formas posibles.
Así mismo, sería muy injusto de mi parte culpar a todos y decir que nadie hace nada por cambiar tales situaciones.
Pero pasa lo siguiente, a medida que crecemos aprendemos de los ejemplos, e infelizmente estamos inmersos en los malos ejemplos de la sociedad, los medios de comunicación se preocupan más por divulgar las malas noticias porque son las que más popularidad les dan, dejando las buenas noticias de lado. ¿Que ejemplo podemos seguir si estamos acostumbrados a los malos ejemplos?, que vamos a imitar cuando crecemos, si hemos madurado en medio de una sociedad que compite por sobrevivir, como si viviéramos una guerra y nuestro enemigo fuse la persona que tenemos al lado.
Vemos a los que deambulan por las calles como un problema, del cual no queremos hacernos responsables, los vemos como una carga para la sociedad, pero nos olvidamos que estamos expuestos a caer en la misma situación, que podemos llegar a ser parte de la miseria, por más en alto que estemos. Esos niños que mendigan pueden ser nuestros hijos, nuestros hermanos, quizá nuestros padres y abuelos. Mientras tenemos una falsa sensación de seguridad y bienestar, la preocupación por los problemas que apuestan el destino de miles de personas en necesidad extrema parece lejos de alcanzarnos, como algo imposible. Nos encerramos en nuestros castillos de cristal y le pedimos ayuda a Dios que nos proteja de la inseguridad de afuera. Nos hacemos prisioneros de nosotros mismos, de nuestras necesidades, nos hacemos prisioneros de un estilo de vida que nos aleja de la realidad.
Creemos en un Dios que nos protegerá y nos cuidará, pero no cumplimos sus mandamientos, le tomamos rencor a nuestros semejantes y hasta odio; endurecemos nuestros corazones y matamos nuestra alma.
Felizmente no todo es así, y existen muchos ejemplos… pero infelizmente no los muestran los medios y tampoco los que lo hacen, lo hacen en búsqueda de reconocimiento, son simples anónimos.
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