
Llanto de amarguras cantan las centurias,
milenarias transitan abrigadas de sus penurias.
Se arrojan una a una a sus lujurias,
rasgando súbitamente sus vestiduras,
libertándose de las mordaces ataduras.
Caen tenebrosas y se recogen en mi mirada,
que sedienta las invita a mi morada,
prometiendo una eternidad apasionada,
de infinita locura casta y apaciguada
Es mi lecho sendero de acecho,
propiciado a un encuentro perfecto,
de huésped al cual tomo derecho,
prisioneros sin rejas libres de pacto.
A mi merced arrodillados, súbditos anhelados,
en mis dominios vilmente inspirados,
de febriles destierros apaciguados,
antagónicos mundos por mi penetrados y conquistados.
Banquetes sacian sus pasiones,
yo alimento sutilmente sus legiones,
y de a uno propician mis guarniciones,
mientras desvanecen sedados en mis acciones.
Es mi regocijo el que inspirado auspicio,
entrelazando mi locura y mi juicio,
sin dejarlo acechado a un mero vicio,
en su plenitud absoluta cauto lo acaricio.
Son huéspedes de mi memoria agitada,
que no los deja una libertad esperada,
transcurren en medio de batallas desesperadas,
dejándoles no más que muertes anheladas.
Sujetos a mis delirios desvanecen lentamente.
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Etiquetas: poema



