Memorias de un vampiro de almas III

memorias

En la noche percibí su presencia envestida contra un lúgubre callejón,
fue inevitable contemplar la idea de tomar de su esencia.
Cuando es llegado el momento, perpetuo acto del cual no deje salidas.
He aquí un legado que sucumbirá en mi tumba.
¿Qué me habrás de enseñar hoy dulcemente?
Dejo venir a mí el voraz deseo, acercándome lentamente, casi imperceptible al tiempo.
Desde lejos los latidos de su corazón se hacían más intensos, palpitando mi presencia que ya se hacia percibir
En mi subconsciente merodeaba la traición que decía… no dejes que mi esencia se apodere de ti.
Pero ya era tarde… y a la distancia fue develada mi intención… una sonrisa se dibujo en sus labios cálidos.
Su piel erizada sulfuraba adrenalina que retozaba infante.
Me aproximé como si intentara traspasarla y acaricié su aroma que yacía tenue sobre su piel.
La recorrí lentamente con mis manos sin tocarla, sintiendo el calor que hace inviernos me abandono.
Ella permaneció inmóvil como si ya me esperara a mucho tiempo.
Su aliento me invito a profanar su casta figura y eternizar mi llegada.
En mi recorrió un anhelo de beber de sus labios su anima, pero aún no era llegado el tiempo de socavar su augurio.
Mis brazos la tomaron para sí entrelazándola a mí, mientras en la frialdad de mis labios reposaba suavemente un beso a merced de su cuello.
La tentación me invadió y comenzó a consumirme lentamente, pero no es mi ávido deseo beber su vid… su alma me será más sabrosa en la eternidad
De terciopelo su piel clamaba mis manos que se recluían en el empeño de acariciarla sin tocarla.
Lentamente circundé su hermosa postura y a espaldas la tome nuevamente.
De esta vez mis pálidas manos se hicieron sentir penetrando sus prendas hasta alcanzar su refugio.
Mis labios humedecidos recorrieron su cuello lentamente hasta encontrar descanso.
Susurré lentamente mi deseo, casi imperceptible como el silencio, a su oído.
Su piel una vez más se erizó y se permitió una mordida en su labio inferior.
Quité de mi abrigo un lienzo color noche e hice anónimos sus ojos.
La tomé de una mano y la conduje a una pared como perpetrando una ejecución, alcé sus manos sobre su cabeza y emprendí mi cruzada.
Develando su piel lentamente la acaricié, manos y labios sedientos, fueron armas de batalla.
Paso del tiempo…
Arrebatada… conquistada a solo un beso…

Jhons W.

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