Desde lejos te miré con ojos de recogimiento y te vi… pequeña y tierna, como si florecieras de un pimpollo que recién sale a la vida. Acercándome note tú fortaleza y las ganas de vivir que se desprendían en dulce perfume.
Vi en tus pétalos por florecer las marcas y heridas de quien amó y se entregó al amor… percibí que a tú alrededor no había un solo jardinero para regar el brillo de tus ojos, ese que se enciende al arder la pasión, vi que reinabas sola a un costado del jardín. Mirando alrededor aviste la maleza que te acosaba y te relegaba a ser una simple flor.
Vi tus lágrimas, esas que ningún jardinero percibió, que como gotas de rocío corrían por tu tallo golpeando la tierra en desconsuelo y dolor.
Me incliné ante ti y miré entre tus pequeños pétalos por abrir y fue ahí cuando me sorprendí, cobijadas tus hojas escondían tu grandeza y una inmensa belleza… que ni el mejor jardinero pudo percibir y ni a las malezas quebrantar.
Te contemplo de cerca, admiro tu otra belleza, la que escondes en tu nobleza. Aunque no vengo a regar tus raíces… ni vengo a arrancar las malezas, estoy aquí para secar tu rocío cuando hayan de caer, recoger tus hojas cuando hayan de caer y así también festejar cuando hayas de florecer!
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